6 de abril de 2025

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Por primera vez, entrevistan al experto en radar detrás de los polémicos hallazgos en Guiza


Filippo Biondi, uno de los autores del reciente estudio que asegura haber hallado infraestructuras en la pirámide de Kefrén, explicó con lujo de detalles cómo funciona la tecnología utilizada y cómo ha sido malentendida tanto por los medios masivos como por sus principales críticos.

Por primera vez, entrevistan al experto en radar detrás de los polémicos hallazgos en GuizaPor primera vez, entrevistan al experto en radar detrás de los polémicos hallazgos en Guiza

¿Quién es Filippo Biondi?

El profesor Filippo Biondi es doctor en Ingeniería de Telecomunicaciones por la Universidad de L’Aquila (Italia) y ha sido docente en instituciones como la Universidad de La Sapienza en Roma y la Universidad de Strathclyde, en Escocia. Su especialidad es el procesamiento de señales mediante radar de apertura sintética (SAR) y tomografía Doppler, tecnologías que ha aplicado a diversos contextos científicos e industriales, desde el monitoreo estructural de puentes hasta la investigación geofísica subterránea. Su actual proyecto, Harmonic SAR, busca revolucionar la forma en que se utilizan estos radares para estudiar el subsuelo terrestre y otros entornos difíciles de explorar.

Recientemente, ha sido coautor de un estudio ha encendido el debate académico tras anunciar el hallazgo de posibles estructuras subterráneas colosales bajo la pirámide de Kefrén y en otras zonas de la meseta de Guiza. Según el estudio, estos descubrimientos fueron posibles gracias a una técnica avanzada de radar y análisis Doppler, desarrollada y patentada por el propio Biondi.

La técnica: más que radar, una «tomografía acústica» desde el espacio

En una reciente entrevista con Jay Anderson, del canal Project Unity, el experto en radar ha despejado dudas y aclarado lo que hasta ahora parece haber sido un malentendido o bien una llana tergiversación por parte de algunos medios.

El corazón de esta investigación, según explicó, es un método que transforma los radares satelitales en una suerte de «micrófono gigante» en órbita. A diferencia de los radares convencionales, que sólo ofrecen imágenes superficiales, el algoritmo de Biondi aprovecha el efecto Doppler para captar y reconstruir las vibraciones del subsuelo, generando así imágenes tomográficas tridimensionales.

«No estamos simplemente mirando una imagen; estamos escuchando el eco que devuelve la Tierra. Como si fuera un ultrasonido gigante, recogemos datos que nos permiten ver a través del suelo, reconstruir formas, vacíos y densidades. Es una tomografía remota hecha con sonido electromagnético», detalló en la entrevista.

Este procesamiento fue aplicado a cientos de tomografías obtenidas mediante el satélite japonés ALOS PALSAR. El resultado fue una serie de modelos 3D que revelan patrones geométricos subterráneos: estructuras lineales, ángulos rectos, espirales y vacíos organizados que difícilmente pueden atribuirse a fenómenos naturales.

En el caso de Guiza, los autores del estudio que utilizó esta tecnología aseguran haber detectado estructuras que se extienden a lo largo de 600 metros desde la base de la pirámide de Kefrén, con anomalías adicionales que alcanzan hasta 2 kilómetros de profundidad en otras zonas de la meseta. Las imágenes sugieren la presencia de cámaras, túneles y sistemas complejos, cuya finalidad y origen aún están por investigarse y verificarse.

Críticas y respuestas

Desde que los resultados fueron publicados, no han faltado las críticas, especialmente desde sectores más conservadores de la egiptología y la geofísica, los cuales reaccionaron de una manera inusualmente agresiva ante la viralización de esta información.

Una de las principales objeciones es que el radar de apertura sintética (SAR), por sí solo, no puede penetrar el suelo hasta profundidades de cientos de metros o kilómetros, como las que el estudio reporta.

Filippo Biondi, no obstante, aclara que esta es una mala interpretación del funcionamiento del método. Él no está utilizando el radar SAR como una cámara que «mira» el subsuelo directamente, sino como un emisor-receptor de señales que luego son procesadas por un algoritmo diseñado para detectar y amplificar señales de rebote con origen profundo, especialmente aquellas reverberadas y moduladas por estructuras subterráneas.

Vista general de la meseta de Guiza y su mundo subterráneo. El punto focal del sondeo es la pirámide de Kefrén. La zona correspondiente a la Esfinge y la tumba NC2 no es visible en esta imagen. Crédito: Proyecto SAR Kefrén.

«No estamos diciendo que una sola señal penetre dos kilómetros bajo tierra. Lo que hacemos es procesar miles de registros de señales satelitales en distintos tiempos y ángulos, y a partir del análisis armónico Doppler, reconstruimos cómo ciertas ondas rebotan, se amplifican o se modulan por estructuras enterradas. Es como hacer una tomografía a través de la coherencia espectral del eco electromagnético», precisó Biondi.

Este enfoque aumenta la sensibilidad del radar SAR tradicional mediante una técnica similar a la síntesis temporal de frecuencias, algo común en estudios sísmicos y en imágenes médicas por resonancia. Así, aunque el radar no «ve» 2 km por sí mismo, el modelo matemático sí puede detectar patrones en los ecos lejanos que indican la existencia de vacíos, densidades u objetos reflectantes a gran profundidad.

En palabras del propio Biondi: «No usamos una señal, usamos un sistema de tomografía virtual que se construye con la acumulación y correlación de cientos de señales. Es como crear una resonancia magnética del terreno a partir de cómo vibra ante las microondas».

Imagen basada en SAR que muestra anomalías que se cree indican la presencia de ocho tubos o pozos verticales debajo de la Segunda Pirámide. Crédito: Proyecto SAR Kefrén.

Además, el investigador aclara que este enfoque ya ha sido aplicado exitosamente en otras áreas donde se requería penetración profunda, como en estudios de aguas fósiles o detección de cavidades bajo represas.

En cuanto a la ambigüedad de las imágenes y la falta de excavaciones físicas como respaldo, Biondi respondió: «Mis algoritmos no interpretan imágenes como si fueran fotos; analizan el comportamiento físico de las ondas reflejadas en distintos materiales. No es arte ni especulación: son datos duros y reproducibles».

Además, cabe destacar que el equipo ha puesto a disposición pública tanto los datos como la metodología.

«Quien tenga dudas puede replicar el análisis usando los mismos datos satelitales. No hay nada oculto», añadió.

¿Un nuevo paradigma en arqueología?

Para Armando Mei, otro de los autores del estudio, este trabajo no pretende reemplazar la arqueología tradicional, sino complementarla con herramientas modernas. «Negarse a considerar estos resultados por prejuicio es anticientífico. Lo que proponemos es una base para futuras excavaciones guiadas por datos reales», declaró.

El Proyecto SAR Kefrén (Khafre Project), como se ha denominado la investigación, continúa su trabajo y planea aplicar esta tecnología en otros sitios arqueológicos del mundo, como Göbekli Tepe, Gunung Padang o las presuntas pirámides de Bosnia.

Si las futuras investigaciones —sobre todo por terceros— corroboran estos hallazgos, el impacto sería histórico: se reabriría el debate sobre el verdadero origen, función y complejidad del complejo de Guiza —y posiblemente, de toda la civilización que lo construyó—.

Por MysteryPlanet.com.ar.