Un hincha argentino peleó con… ¿un ovni?

Los objetos voladores no identificados (ovnis) siempre fueron un gran tema de debate en el mundo y Argentina está repleta de historias de esta índole. Muchas están expuestas en el Museo del Ovni, en la ciudad de Victoria, Entre Ríos, donde se destaca la historia de Modesto Colman, quien tuvo una experiencia con este fenómeno luego de asistir a un partido de Liga Victoriense.

El hecho sucedió el 16 de Octubre de 1992. Según versiones locales, “Cota” había asistido a un encuentro entre Sportivo y Huracán de esa ciudad. Una vez finalizado el encuentro, regresó a su hogar donde se puso a tomar mates. “Estaba en su casa y se acordó que debía regresar al campo de los Spíndola (sus jefes) a cerrar el molino. Mientras descargaba el agua del tanque australiano, se sentó en uno de sus bordes a fumar un cigarrillo. Quería ver si sucedía algo en la famosa Laguna del Pescado, un lugar donde se registraron varios avistajes”, contó Silvia Simondini, fundadora del museo.

Según la descripción de la investigadora, el hombre no sabía leer, ni escribir y era visto como un “pendenciero” por la gente de Victoria. “30 metros atrás de él, bajo un objeto que se quedó más o menos a un metro detenido sobre el campo. De ahí, bajaron tres seres que ‘salteaban’, según su expresión, alrededor de él. Pienso que se refería a que no caminaban sino que tenían otro modo de desplazarse. Y su primera reacción fue sacar un facón de su cintura”, contó.

Modesto

Modesto Gentileza de Silvia Simondini

“Pienso que fue observado como que les sacó un arma y empezaron a largarle rayos. De inmediato, se tiró al suelo y se fue arrastrando hacia un árbol tala. Allí, le lanzaron un rayo que le quemó la camisa, la cara y le mataron el perro, Siroco”, relató.

Luego, logró escapar y volvió a gran velocidad a su casa. “En el camino se rajó la camisa con el alambre de púas y perdió una alpargata en el camino pero finalmente llegó a su casa. Quería verse en el espejo y no podía. Sentía que estaba medio ciego y le dolía la cabeza. Con toda la impotencia junta, rompió en llanto”, describió

Según Simondini es el caso con más pruebas que sucedió en Argentina. “Tenes el árbol quemado que el dueño lo taló porque la gente buscaba un souvenir; La huella del ovni que con su energía dejó una marca de 10 metros de diámetros y el problema físico que tuvo. Quedó con la cara quemada y recién a los 10 días recuperó la visión. Pero le quedó eternamente un dolor en el hombro derecho”.

A día de hoy, Silvia sigue recordando una frase reflexiva que Colman le dijo en una de sus charlas: “Me dijo: ‘Sabe Silvia, siempre quise comprar el miedo. Esta vez, me lo regalaron’”.

El origen del museo

Silvia fue la fundadora del museo en 2015. Sin embargo, su historia con los ovnis comenzó el 18 de agosto de 1968 en Caleta Olivia, Santa Cruz. Según describió Silvia, tuvo un enorme objeto no identificado sobre su hogar que despidió cinco platillos chiquitos. “Estaba bañando a mi hijo que cumplía su primer añito de vida y escuche los gritos de la gente que se juntó en mi casa. Esa fue mi primera experiencia”.

La camisa que uso el día del ataque

La camisa que uso el día del ataque Gentileza de Silvia Simondini

Ese hecho marcó su vida y despertó la curiosidad por la investigación. “Siempre quise tener mi propio equipo de trabajo. Cuando mi esposo terminó de trabajar en el petróleo, volvimos a Buenos Aires. Ahí empecé a asistir a congresos, charlas y eventos para saber cuáles eran los pensamientos de los argentinos sobre el tema”.

En 1991, a través de hechos difundidos a través de Clarín, decidió viajar a Victoria. “Leí lo que sucedía en la Laguna del Pescado en Victoria. Así, tomé la determinación de venirme a Entre Ríos y apenas llegamos vivimos dos experiencias con los ovnis. Ahora, es mi lugar en el mundo”, comentó.

Con todos los relatos y pruebas obtenidas, Silvia y su hija, Andrea, decidieron fundar el museo que es una de las principales atracciones de la ciudad. “Primero, fue una salita en la parte de delante de mi casa. Acumulando experiencias y objetos de la gente. Era un lugar de conocimiento para que la gente se interesará a ver. Empezó a venir tanta gente que tuve que tirar paredes. Primero, una habitación, un jardín de invierno, otro dormitorio y así. La verdad no tengo más nada para tirar”, bromeó y añadió: “Cuando se hizo la nueva reinauguración comenzó la identificación de los ciudadanos. Principalmente, muchos familiares de las personas venían con intenciones de conocer el museo y, poco a poco, se fue convirtiendo en un símbolo de la ciudad”.

Andrea es Ufóloga y se desempeña como presidenta de la Comisión de Estudios del Fenómeno Ovni de la República Argentina (CEFORA). “Ahora, creamos ALAS que significa América Latina para un aeroespacio seguro. Lo presentamos en la casa de gobierno de Entre Ríos. El gobierno nos auspició y quedaron sorprendidos por la cantidad de personas que asistieron”, dijo Silvia y comentó que su hija viajó a México a la Audiencia Pública realizada por el Congreso Azteca para debatir sobre Ley de Protección del Espacio Aéreo.

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