OVNIs, UAPs, FANIs y UFOs, el quién es quién de la investigación espacial

Historia

Esta es la historia de cómo hemos pasado de platillos voladores y objetos voladores a fenómenos anómalos.

Convengamos que, después de la reciente conferencia de la NASA vinculada al grupo destinado a estudiar los Fenómenos Anómalos No Identificados (FANIs en español o UAPs en inglés), la terminología se ha ampliado considerablemente entre las siglas pasadas, como UFOs y OVNIs, y las presentes.

Podríamos decir que todo comenzó dos años después de la II Guerra Mundial. En junio de 1947, el piloto estadounidense Kenneth Arnold afirmó haber visto un conjunto de nueve objetos voladores brillantes volando más allá del Monte Rainier, en el estado de Washington. Los objetos se desplazaban a una velocidad de casi 2.000 km/h, según las estimaciones visuales del propio Arnold. Se trataba del primer avistamiento de objetos voladores no identificados posterior a la Segunda Guerra Mundial en el país que fue cubierto por la prensa. Y el primero de la era moderna.

Solo hubo dos problemas. El primero de ellos fue que las estimaciones de Arnold fueron visuales y no hubo registros y el segundo fue una confusión que quedaría grabada para siempre en el imaginario popular: los platillos voladores o volantes. Cuando Arnold describió lo que vio a la prensa, en particular a un periodista llamado a un periodista Bill Bequette, señaló que los objetos tenían forma de búmeran y que el movimiento que realizaban era similar al de rocas o platillos lanzados sobre una superficie de agua. Bequette confundió el modo en el que se desplazaban los objetos con su forma y los bautizó platillos voladores, un término que perduraría durante décadas.

Pero tuvieron que pasar varios años para que naciera la sigla OVNI (objeto volador no identificado o UFO, en inglés). En 1953 fue adoptado como estándar por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) para etiquetar «cualquier objeto aerotransportado que, por su desempeño, características aerodinámicas o características inusuales, no se ajusta a ningún tipo de avión o misil actualmente conocido, o que no puede identificarse positivamente como un tipo familiar».

De modo que, inicialmente, el término se refería exclusivamente a avistamiento de objetos que la USAF no lograba identificar, que pudieran ser naves de otras potencias y que fueran de interés para el gobierno. Pero muy pronto la prensa y el imaginario popular lo convirtieron en sinónimo de naves alienígenas. Y la leyenda se disparó. Esto llevó a que las autoridades buscaran un nombre menos vinculado a las conspiraciones y más relacionado con la ciencia y así nació la sigla UAP (unidentified aerial phenomena, Fenómeno Aéreo No Identificado o FANI en español) a finales de los años 1960.

La ventaja de esta “nueva” terminología es que no está limitada a objetos y también incluye a fenómenos (meteorológicos o lumínicos por ejemplo) que pueden explicar la naturaleza de los avistamientos. Pero hay más. De acuerdo con un estudio publicado por el Instituto General de Semántica, «aparte de la descripción más amplia de UAP, este término evita el pesado bagaje cultural asociado a los ovnis, cuya asociación inicial con orígenes extraterrestres… establece un marco estrecho e inflexible para la investigación científica honesta”.

De ahí que la NASA decidiera que su nuevo grupo de investigación se centrara en FANIs y no en OVNIs: el objetivo es la ciencia, no la leyenda urbana o las conspiraciones.

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