Critters: misteriosos «animales espaciales» que fueron los primeros «OVNIS»

Las últimas y no menos polémicas declaraciones de un militar de los Estados Unidos que causaron revuelo de naturaleza especial y sobre todo espacial, con respecto al fenómeno OVNI, ahora denominados también UAP o FANI podrían no sólo modificar, sino también ampliar y dar otro giro a toda la bibliografía escrita hasta el presente sobre la posibilidad de vida extraterrestre, en varias formas.

Es que al tratarse de una formidable casuística que atraviesa los siglos y es tan inabarcable como misteriosa, resulta oportuno detenerse en otras líneas de investigación que hace muchos años también provocaron asombro, incredulidad y sobre todo mucho temor. Tal fue el caso de la teoría de los «critters» expresada por el doctor estadounidense Meade Layne (1882-1961) quién, según sus propias palabras, no se consideraba asimismo un científico o matemático, sino un académico que se desvió hacia los brumosos senderos de las ciencias fronterizas y de la investigación paranormal.

Teoría de los Critters

El doctor Meade Layne fue el creador, en la localidad de San Diego, California, de la «Asociación de Investigaciones sobre los límites finales de la Ciencia». Entre 1946 y 1947 postuló la idea de que los objetos voladores no identificados eran organismos vivos a los que denominó «critters». Los atónitos investigadores de entonces, clasificaron esa novedosa teoría bajo el apelativo de «interpretación etérea de los (diferentes) fenómenos del espacio.»

Por aquellos primeros años de las olas de platillos voladores afloraban explicaciones de todo tipo, para poder dar con el origen y naturaleza de esos desconocidos fenómenos del espacio que sobrevolaban con absoluta libertad las distintas regiones del planeta. En ese sentido, los revolucionarios argumentos del Dr. Meade Layne contrastaron en su tiempo con las concepciones de la ciencia mecanicista acerca de la estructura de los platillos volantes.

Meade Layne expuso diversas teorías (Archivo).

Paralelamente a ello, los «critters» también suscitaron el interés de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que lanzó un comunicado en el que advierte que, «la posible existencia de extraños animales extraterrestres también ha sido considerada como una posibilidad remota, ya que muchos de los objetos se comportaban de manera más parecida a la de los animales que a cualquier otra cosa. Sin embargo, se cuenta con pocos informes fidedignos sobre la existencia de ese tipo de animales». Terminante.

El doctor Layne escribió ya en 1947 «El misterio de la nave Ether y su solución», un libro que constituye una auténtica rareza en materia ufológica. En esta sorprendente obra, el autor indaga acerca de los misterios del cosmos, en el que alterna sus opiniones con disquisiciones filosóficas cabalísticas, y también de carácter esotérico, que rodeaban al fenómeno OVNI para lograr así una síntesis perfecta de física y metafísica.

Además, en uno de sus capítulos, escribe Mead Layne: «Así como nuestras mentes terrestres gobiernan a nuestros cuerpos y se identifican con ellos, la entidad del mundo etéreo ha creado para su uso un cuerpo o vehículo sirviéndose de sustancia etérea. La infinidad de posibilidades queda reflejada por los testimonios de quienes los han visto por todo el mundo».

Los objetos denominados «aero formas» pueden asumir tipología de ruedas, globos, cigarros, bolas de fuego, poseer cualquier densidad y también mostrar cualquier tipo índice de vibraciones. «El cuerpo de la entidad etérea puede ir a todas partes y es capaz de penetrar en nuestros territorios y en nuestros mares con la misma facilidad que en nuestro aire». Pero, como suele suceder ante los fenómenos de naturaleza indiscernible, para agregar mayor misterio a la teoría del Dr. Meade Layne, en esos mismos años se dieron a conocer informes escritos con anterioridad que ya hacían referencia a los denominados animales espaciales.

¿De qué hablaba?

Fue en 1935, a raíz de la publicación del libro «Ataque al Everest» del escalador Frank Smythe. En su obra, en la que narraba su segundo intento de escalar el monte, detallaba el encuentro con dos objetos (¿seres?) de extraña apariencia que parecían flotar en el cielo. «Ambos eran de color muy oscuro y se recortaban claramente contra el cielo y las nubes. Una de esas raras criaturas tenía forma de globo o cometa con alas pequeñas y protuberancias que recordaban el pico de ciertos animales, pero con la particularidad de que permanecían suspendidas en el aire sin efectuar ningún movimiento… Se diría que las animaba una secreta pulsación».

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