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Asistimos a la dieciseisava edición del festival Leyendas del Rock, asentado en la localidad alicantina de Villena y que comenzaba con la jornada del miércoles, que antaño era gratuita y por la que desfilaban un gran número de lugareños, que luego cuando a pasó a ser de pago, ya no hicieron acto de presencia para no rascarse el bolsillo. Esta edición ha contado con un cartel muy equilibrado, aunque quizás según los gustos, faltó algo más potente para el sábado, no obstante nosotros disfrutamos mucho. La subida de precios y la inflación que vive el país, no ha sido ajena al evento y también se han notado en los bolsillos. Las mejoras incluyendo una fuente con varios grifos, la grada a la derecha de los escenarios y la posibilidad de entrar con comida, ha mitigado un poco estos efectos.

Para comenzar el día, que como es habitual solo abre los dos escenarios principales, algo que se agradece cuando sabes que no te va a coincidir con otra banda que también te apetece ver, teníamos a los zamoranos Death & Legacy. Nos presentaban su cuarto trabajo ‘D4rk Prophecies’, con su propuesta de Death Metal Melódico y su vocalista Hynphernia al frente, mientras los primeros asistentes iban entrando al recinto.

El punto exótico que no debe faltar en un festival llegaba con las niponas Hanabie, una especie de Babymetal de marca blanca, que se mueven entre el J-pop y el metalcore, con una imagen visual anime, y propiciando el primer “Wall of death” del festival. Era la primera visita a España y se centraron en su tercer trabajo ‘Reborn Superstar’, despidiéndose dando las gracias en castellano y enarbolando una bandera de España.

Turno después para los suizos Ad Infinitum, con su vocalista Melissa Bonny al frente, que mostró muy buenas maneras tanto vocalmente como con sus movimientos, llenando el escenario y alternando voces limpias con alguna gutural puntualmente. Cayeron temas como “Eternal Rains”, “The Underworld” y cerraron con dos cortes de su disco debut como “Into the Night” y “Animals”.

Con Uuhai descubríamos a la segunda formación que llegaba desde Mongolia, tras la irrupción en nuestro país de sus paisanos The Hu, que creo que están un escalón por encima de estos y con un repertorio de mayor calidad. Otra banda que enriquece un festival, con su puesta en escena mezclando el folk mongol con el metal, y utilizando instrumentos autóctonos como el morin khuur, un violín con cabeza de caballo, y su peculiar canto de garganta “Khoomei”, con canciones como “Ser, Ser”, “Khurai”, “Hurd”, “Hero” o “Secret History of of the Mongols”, que fueron muy bien recibidas y coreadas por el público.

Los polacos Decapited cambiaban el tercio de forma radical, cubriendo una cuota de metal extremo que se ganaron en 2019, cuando actuaron con éxito en el Mark Reale. Nos mostraron su último disco de estudio ‘Cancer Culture’, destacando la figura de su guitarrista Waclaw “Vogg” Kieltyka y del cantante Rafal T. Piotrowski “Rasta”.

Momento después para Paul Di’Ano, el que fuera vocalista de los dos primeros álbumes de Iron Maiden, en los que se basó su repertorio. A pesar de sus limitaciones físicas y de que no esperábamos gran cosa, nos sorprendió para bien, en su esfuerzo y entrega con unas canciones que son una apuesta segura. “Sanctuary”; “Wrathchild”, “Phantom of the Opera” o “Running Free”, hicieron las delicias de los presentes.

Los californianos Ugly Kid Joe, que tuvieron una debut muy exitoso a comienzos de los noventa con ‘America’s Least Wanted’, supieron ofrecer un set muy entretenido con su vocalista Witfield Crane al frente, moviéndose entre el hard rock, el rock alternativo y el funk. Canciones como “V.I.P.”, Neighbor”, la versión de Harry Chapin “Cat’s in the Cradle, y la de Motörhead “Ace of Spaces”, en la que se unió con la guitarra Andreas Kisser de Sepultura, junto con su hit por excelencia “Everythink About You”, completaron un set muy entretenido y festivo.

Los brasileños Sepultura son una banda muy fiel al Leyendas, contando con un gran número de participaciones, debido a su fiabilidad y al gran número de adeptos y feligreses que acuden a la llamada. Su vocalista Derrick Green sigue con su energía arrolladora y su batería Eloy Casagrande con su tremenda pegada, mientras sonaban himnos como “Territory”, “Chaos A.D.”, “Refuse/Resist”, “Arise”, “Ratamahatta” o su canción más celebrada “Roots Bloody Roots”.

Un grupo que nunca ha faltado en el Leyendas son los asturianos Warcry, aunque el año pasado fue con la representación de su vocalista Víctor García en su otro proyecto Adventus, del que ya no forma parte. En las pantallas se proyectaron imágenes de cada disco, mientras sonaban clásicos como “Nuevo mundo”, “Contra el viento”, “Capitán Lawrence”, “Tú mismo”, la nueva “Sólo sé” o “Hoy gano yo”, mientras caían cuatro gotas que nos refrescaban un poco”.

El plato fuerte del día y uno de los del Festival fueron sin lugar a dudas KK’s Priest, la banda de uno de los fundadores de Judas Priest, KK Downing y su ex vocalista Ripper Owen. Una perfecta maquinaria de heavy metal, que nos ofreció un maravilloso set en el que tuvieron cabida las emblemáticas canciones de los de Birmingham como “Breaking the Law”, “The Ripper”, la versión de Fleetwood Mac “The Green Manalishi”, “Victim of Change”, “Burn in Hell”, única canción de la etapa con Ripper, “Night Crawler” o “Hell Patrol”. Además no descuidaron las canciones propias de este proyecto como “Sermons of the Sinner”, “Brothers of the Road”, “Raise Your Fists” o “Hellfire Thunderbolt”, presentándonos dos cortes de lo que será el segundo álbum como “One More Shot at Glory” y “Reap the Whirlwind”.

Cerraban el día los americanos Riot V, que viendo la descarga anterior, arrancaban con un trallazo como “Thundersteel”, que han utilizado siempre que los he visto en la parte final de sus conciertos. Con los veteranos Mike Flyntz a la guitarra y Don Van Stavern al bajo, junto a la prodigiosa voz de Todd Michael Hall, descargaron canciones como “Fight or Fall”, “Bloodstreets”, Flight of the Warrior”, junto a temas de tiempos pretéritos como las imprescindibles “Fire Down Under” o “Swords and Tequita”, de mi álbum favorito ‘Fire Down Under’, junto a “Road Racin’” y “Warrior”, de su debut en 1997 ‘Rock City’. Fantásticos como de costumbre!

La segunda jornada iba a ser memorable por las elevadas temperaturas, jamás vistas en el Festival desde que se celebra en esta ciudad alicantina, y sólo comparables con las de la edición que se celebró en 2011 en el Colegio Río Segura de Beniel (Murcia). La presencia de Megadeth, que era la banda estrella del festival, hizo que fuera el día de mayor asistencia de todo el festival.

Burning Witches abrían el segundo día, volviendo al Leyendas tras su inclusión en 2019, aunque en esta ocasión con más tablas y experiencia, pues presentaban su quinto trabajo “The Dark Tower”, pasando también por la carpa de firmas. La guitarrista Larissa Ernst, de baja por maternidad, fue reemplazada por Courtney Cox, que actúo el año pasado con The Iron Maidens. Su vocalista, la neerlandesa Laura Guldemond, ha cogido soltura y presencia escénica y contagia al resto de la banda. Sonaron canciones como “Wings of Steel”, “We Stand as One”, Hexenhammer” o “World on Fire”.

También volvían a Villena los finlandeses Beast in Black, con esa fórmula de heavy/power con toques electrónicos, sonidos pregrabados de teclados y esa voz tan peculiar del griego Yannis Papadopoulos, que salió con un guardapolvos, a pesar del calor reinante. Repasaron su discografía con temas como “Blade Runner”, “Sweet True Lies”, “No Surrender”, “Blood of a Lion”, y una muy coreada “Blind and Frozen”, dejando lugar también para su último trabajo, “Dark Connection”, con “Hardcore”, “Moonlight Rendezvous” y “To the Last Drops of Blood”.

Otros habituales del Leyendas en su última época eran los suecos Amaranthe, con ese toque comercial que mezcla el metal melódico, con toques eléctronicos, capitaneados por el guitarra Olof Mörck, con la voz principal de Elize Ryd, y los vocalistas masculinos Nils Molin y Mikael Sehlim, que se estrenaba en el festival. No faltaron sus temas más reconocibles como “Maximize, “The Nexus” o “Digital World”, dejándonos un anticipo de lo que será su nuevo trabajo ‘The Catalyst’, con “Damnation Flame”.

El Chino Banzai estaba de enhorabuena al celebrar sus 40 años en la música, teniendo en cuenta su renuncia el año pasado por causas personales. El primer disco de Banzai es una joya del rock español y poder escuchar estos himnos con su voz es una auténtica delicia. “Cachorro” y Juanjo Guerrero a las guitarras, “Morris” al bajo, Teo Suazo a la batería y el dinámico “Filthó” a los teclados completaban la formación. Canciones como “Voy a tu ciudad”, “Rock Duro”, “No te enganches”, “Siempre quieres más”, “Amigo” o la que les dio nombre y que popularizó Miguel Ríos, “Banzai”, fueron coreadas por un público muy fiel y entusiasmado.

Una banda que reúne a una buena cantidad de adeptos son los suecos Arch Enemy, que presentaban su último trabajo ‘Deceivers’, en el que se basó la mitad del repertorio. Desde la inicial “Deceiver, deceiver”, pasando por “Handshake With Hell”, “House of Mirror”, “Sunset Over the Empire”, o “The Watcher”. Capitaneados por el guitarrista Michael Anott y con la voz gutural de Alissa White-Gluz, ofrecieron un intenso show de death metal melódico, que completaron con trallazos como “My Apocalypse”, la imprescindible “Nemesis”, la demoledora “War Eternal”, “As the Pages Burn” y “The Eagle Flies Alone”, aunque se quedó fuera de este disco “Will to Power”, “The World is Yours”, una de mis favoritas.

Una de las propuestas más estimulantes del día y que dan sentido a un festival como el Leyendas es poder disfrutar de perlas como las de Grand Slam, la banda que formó Phil Lynott cuando se acabó Thin Lizzy. Su guitarrista Laurence Archer (ex UFO) permanece como único miembro original, junto con el excelente vocalista Mike Dyer (ex Tokyo), y el bajista Rocky Newton (ex Lionheart). Canciones como “Nineteen”, “Sister of Mercy”, la versión de Gary Moore “Military Man” o la de Thin Lizyy, una maravillosa “Dedication”, fueron una de las mejores actuaciones de todo el festival en el esceario Mark Reale.

El plato fuerte y cabeza principal del Festival llegaba con Megadeth, uno de los cuatro pilares del big four del thrash, que incluían un escenario en el que una pantalla gigante y dos laterales, dejaban al batería Dir Verbeuren incrustado entre ellas, en el día de mayor público asistente. No vamos a decir que Dave Mustaine estuviera pletórico de voz, pero sí bastante mejor que en anteriores ocasiones y midiendo muy bien sus intervenciones. “Hangar 18” fue el elegido para arrancar y se fueron sucediendo otros cortes como “Dread and the Fugitive Mind”, “Angry Again”, “We’ll Be Back” o “Wake Up Dead” que entrelazaron con “In My Darkest Hour”. Tras la instrumental “Conquer or Die!”, en la que un magnífico Kiko Loureiro tiró de acústica en la intro, sonaba una maravillosa “Dystopia”, uno de nuestros favoritos y que dio título a su anterior álbum de 2016. Ya pudimos ver a través de las retransmisiones del Wacken el gran estado de forma de Megadeth, y bien que lo pudimos constatar.

El show fue una especie de grandes éxitos, con un sonidazo y con un público entregadísimo, dejando para el final auténticos himnos como “A tout le monde”, “Symphony of Destruction”, “Peace Sells”, “Mechanix” o “Holy Wars…The Punishment” como despedida. Una lástima que de su espléndido último álbum ‘The Sick, the Dying…and the Dead!”, solo tocaran la enérgica “We’ll Be Back”.

Los alemanes de impronunciable nombre Feuerschwanz, algo así como cola de fuego, repetían en el Leyendas y su folk metal de aires festivos con una apuesta escénica del mundo medieval, atraían sobre todo al público más joven. Estrenaban su nuevo álbum ‘Fegefeuer’, purgatorio en castellano, del que nos mostraron “Berzerkerode” y “Bastard Von Asgard”, junto a temas como “Memento Mori”, “Ultima Nocte”, “Die Hörner Hoch” o la versión de Manowar “Warrior of the World United”.

Turno después para Tierra Santa, que desgraciadamente coincidían con los madrileños Panzer, así que vimos las primeras canciones de los riojanos y luego subimos a ver a uno del grandes clásicos del heavy metal nacional. Desde la inicial “Pecado de ángel”, pasando por “Indomable”, o “Por el valle de las sombras”, vimos que siguen en excelente momento, con la voz de Ángel San Juan al frente y con un público que corea cada canción. Con la imprescindible “Sangre de Reyes”, “Apocalipsis” y “Tierras de Leyenda”, decidimos cambiar de tercio.

Los “Innombrables”, como se les conocía en su época, tuvieron un concierto un tanto irregular, lastrados por los problemas que tuvo su vocalista Carlos Pina con el micro, que lució su habitual gorra con las chapas. Lo cierto es que su repertorio cuenta con un buen ramillete de himnos como “Toca madera”, “Perro viejo”, “Dios del Rock”, o “Galones de plásico”, sorprendentemente cantada por su batería Rafael Ramos, o su inmensa balada “Junto a ti”, que hizo disfrutar a la audiencia. Miguel Ángel López “Cachorro”, volvió a mostrar su versatilidad, tras haberle visto antes con Chino Banzai.

Y procedentes de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), Dunedain eran los encargados de poner el punto y final al segundo asalto del Festival. A pesar no sacar nuevo disco desde el 2019, con ‘Memento Mori’, del que sonaron “A un paso del cielo” o “El viento de la batalla”, utilizaron canciones muy reconocidas por el público como “Fiel a mi libertad”, “Corazón de invierno” o “Mil golpes”, con un incansable Carlos Sanz a las voces, que no paró de recorrer el escenario.

El tercer día comenzaba con los suecos Dynazty, con un clima más agradable que la jornada anterior en la que los termómetros se dispararon por encima de los 40 grados. Ocho discos atesoran los de Estocolmo, con el vocalista Nils Molin al frente, otro músico que hacía doblete tras actuar con Amaranthe. Una banda que se mueve entre el hard rock y el power metal, que basó su show en los dos últimos trabajos y que nos mostró temas como “In the Arms of a Devil”, “Firesign”, “Power of Evil”, “Yours” o “Heartless Madness”. Únicamente nos sobró un innecesario solo de batería.

Los escoceses Bleed From Whithin, que se mueven entre el death metal melódico y el metalcore, ofrecieron una potente actuación, donde la voz melódica del guitarrista Snev se alternaba con la gutural de Scott Kennedy. Se basaron en su último disco “Shrine”, sonando temas como “Sovereign”, “Levitate”, “Stand Down”, “Pathfinder” o “Killing Time”, en la que pidieron que el público saltara.

Los míticos Napalm Death hacían acto de presencia, con su peculiar vocalista Mark “Barney” Greenway, que parecía estar poseído con sus movimientos espasmódicos, y el batería Danny Herrera como miembros más veteranos del combo. El público quería Grindcore y los británicos iban a servir una buena ración, con temas como “Contagion”, “Scum”, “Suffer the Children”, la versión de Bad Brains “Don’t Need it”, la de los estadounidenses Dead Kennedys “Nazi Punks Fuck Off” y cerrando con “Siege of Power”. El bajista Shane Embury, fue sustituido en esta ocasión por John Cooke.

Los fineses Korplikaani son sinónimo de fiesta, por eso son siempre muy bien recibidos en nuestro país, en el que son muy habituales. Sus himnos sobre el alcohol, la cerveza y el ambiente tabernario nos dejaron canciones como: “Wooden Pints”, “Levan Polka”, “A Man with a Plan”, las intensas “Happy Little Boozer” y “Beer Beer”, junto a “Ennen”, su particular versión de “Antisocial”, el clásico de los galos Trust.

Con cuatro álbumes en su haber, los americanos Bearthooth, con su vocalista y principal compositor, Caleb Shomo, en su única fecha en España, desencadenaron una buena tralla de metalcore y rock muy potente. Nos ofrecieron los tres adelantos publicados de su inminente próximo disco, ‘The Surface’, como fueron “Might Love”, “Riptide” y “Sunshine!”. Para el final nos dejaron “In Between”, la más comercial “The Past is Dead” y “The Last Riffs”, un título que lleva implícita la despedida.

El punto álgido del día venía de la mano de los galeses Bullet For My Valentine, que debutaban en el festival y que tienen una gran cantidad de seguidores dentro del metal en general y del metalcore en particular. La contundencia de la banda afloraba desde la inicial “Knives”, de su último y homónimo disco, pasando por “Over it” o “Your Betrayal”, con esa pegada tremenda de batería por parte de Jason Bowld. Al frente de la formación se encuentra el vocalista y guitarra rítmica Matt Tuck, secundado por el guitarra solista y coros Michael Paget y el bajo y coros Jamie Mathias. Completaron su set con temas como “Scream Aim Fire”, “All These Things I Hate (Revolve Around Me)”, de tiempos pretéritos, “The Last Fight” y cerrando con “Walking the Demon”, wall of death incluido. Mucha energía, público enchufado, un gran juego luces para una gran actuación, en la que sin embargo escatimaron diez minutos del tiempo total asignado.

Dragonforce fueron una de las grandes sorpresas del festival para un servidor, pues esperaba un show bastante previsible y anodino y fue todo lo contrario. Su puesta en escena con dos máquinas recreativas de videojuegos gigantes, donde se subían sus guitarristas Sam Toman y Herman Li, para enfrentarse a esos trepidantes duelos con las seis cuerdas, y las potentes imágenes sobre la pantalla, junto a la pirotecnia, hacían que su actuación fuera muy dinámica y entretenida. Su vocalista Mark Hudson se manejó muy bien en los tonos altos, mientras que la bajista Alicia Vigil, que también es actriz, le apoyaba muy bien con los coros. Canciones como “Highway to Oblivion”, de su último trabajo o “Fury of the Storm, “The Last Dragonborn”, “Ashed to the Dawn” o “Black Fire”, le daban un gran equilibrio y atractivo al show, practicando eso que ellos llaman “Extreme Power Metal” y que da título a su último disco. La parte final fue apoteósica con “Cry Thunder”, “Valley of Damned”, “My Heart Will Go On”, la versión de Céline Dion que se popularizó con la película Titanic, y su tema franquicia, el vertiginoso y famosísimo “Through the Fire and the Flames”, que contó con Thomas Winkler, ex vocalista de Gloryhammer y ahora al frente de su propio proyecto llamado Angus McSix.

Y llegaba el turno de Angelus Apatrida, los albaceteños universales, el estandarte del thrash metal nacional, que están a punto de lanzar su nueva placa y mantienen muy buena sintonía con el Leyendas, que los ha visto crecer desde sus primeras apariciones. Pudimos ver a través de las pantallas su nuevo single “Cold”, como adelanto del álbum ‘Aftermath’, que saldrá en Octubre. Están en estado de gracia, llevando velocidad de crucero, como así demostraron haciendo sonar “Bleed the Crown” o el demoledor “Indoctrinate”, de su disco homónimo y el más recurrido, “One of Us” o el imprescindible “Vomitive” de sus inicios. Su cantante y guitarra Guillermo Izquierdo se mostró muy agradecido al Festival y a los seguidores que estuvieron en los momentos más duros y que siguen con ellos. Llegaba otra buena andanada con “Of Men and Tyrants”, “Childhood’s End”, “Violent Dawn”, “We Stand Alone” o la clásica “Give ‘Em War”. Para el final llegaba una de mis canciones favoritas como “Sharpen the Guillotine”, Serpernts on Parade” y la indispensable “You Are Next”. Directos, impecables, comunicativos y para que no faltara de nada, los circle pits también estuvieron presentes.

Terminamos con dos grupos que nos gustan mucho como los castellonenses Dry River, que el año pasado abarrotaron el Mark Reale, y los salmantinos El Altar del Holocausto, aunque esta vez al cerrar un día con sonidos muy contundentes, una buena parte del público estaba machacado y decidió retirarse antes.

Dry River son un grupo emergente que crece con cada disco a nivel musical y con su base de seguidores, teniendo un registro tan ecléctico, que pueden pasar del hard rock al rock progresivo, pasando por el metal o el rock melódico. Su repertorio se basó principalmente en su extraordinario último disco, ‘Cuarto Creciente’, del que cayeron esas delicias sonoras que son “Culpable”, el potente “Capitan Veneno”, “Funeral”, “La libertad”, “La serpiente” y “Segundo intento”. El otro pilar de su set list fue su anterior y fascinante trabajo “2038”, del no podía dejar fuera “Camino”, “Fundido a negro”, “Me va a faltar el aire” o la sorpresa que nos anunciaron como “Pean”, esa especie de suite de más de diez minutos de duración. Nunca defraudan y siempre es un placer verlos.

Pudimos ver los últimos temas de El Altar del Holocausto como “De Euforia”, “El que es bueno, es libre aun cuando sea esclavo; el que es malo, es esclavo aunque sea rey” y “Lucas I, 26-38”. Su música que se adentra en los terrenos del post rock y del doom metal, es compleja y exigente, creando una atmósfera envolvente, que te cautiva y te hace entrar en su universo, pero cuyo resultado final es muy satisfactorio. Quedaron unos fieles seguidores que consiguieron arropar a la banda a pesar de la hora intempestiva.

Y llegábamos al último capítulo del Leyendas, una jornada de tintes más clásicos, con una buena dosis de hard rock y heavy metal. Los valencianos Dragonfly abrían el Mark Reale, un combo en el que su columna vertebral formada por el vocalista Pablo Solano, el bajista y coros Juanba Nadal y el teclista Isauro Aljaro, llevan dos décadas al frente del mismo. Canciones como “Ángeles de una sola ala”, “El peso del mundo”, la balada “Regresa a mí”, “Domine”, que fue regrabada el año pasado o su mayor éxito “No lo verán caer”, configuraron una actuación muy completa.

Nuevos cambios en el seno de Avalanch respecto a otras apariciones en el Leyendas, en este caso con el vocalista José Pardial, el bajista Nando Campos y los más veteranos Manuel Ramil y Mike Terrana, acompañando a su líder y creador Alberto Rionda, con su nueva obra ‘El dilema de los dioses’. Su set list fue un gran repaso a su discografía, aunque del citado disco sólo pudimos escuchar “Horizonte eterno”. Pardial solventó con nota interpretar canciones de diferentes etapas como “El oráculo”, “Pies de barro”, “Mil motivos”, “El peregrino”, “Niño” o “Flor en el hielo”. Para el final dejaron tres de sus grandes himnos como “Lucero”, “Xana” y “Torquemada”, que fueron ovacionados por sus seguidores.

Siempre es un placer ver en vivo a los míticos Pedro Botero, que están celebrando su medio siglo de existencia, aunque muchos festivales y público lo ignoren. Rubén Bartolomé a la guitarra y voz, junto a Cesarito Royo a la guitarra, Nano Pérez al bajo y coros y Alberto Sánchez a la batería, nos dejaron una buena muestra de sus grandes clásicos, como “Rosa Negra”, “Paranoico”, “Desertor”, “Rey de acero”, “La lluvia de alcohol” o el maravilloso “Me falta el aire”.

Otro grupo muy del Leyendas son los alicantinos Badana, con su incombustible cantante y guitarra Luis Miguel Rico al frente, que desgranaron una buena fuente de clásicos como “Y nosotros aquí”, “El dictador”, “Parecían tontas”, “Días de escuela” o “Era diciembre”. La nueva formación la completaron el bajista Rubén Gallego y el batería Sergio Pérez “Llupia”, con dedicatoria a Rosillo, antiguo mánager del grupo y de tantas bandas de la zona, que desde hace años forma parte del equipo de seguridad del Festival.

El vocalista danés Mike Tramp sigue muy ligado a nuestro país, visitándonos con cierta frecuencia y volviendo de nuevo al Leyendas, pero esta vez con un repertorio puramente White Lion, aquella banda que fundó en Nueva York en 1983 junto a guitarra Vito Bratta y que tantas alegrías nos dio. Este proyecto ha sido bautizado como ‘Mike Tramps – Songs of White Lion’ y cuenta con el guitarrista inglés criado en España Marcus Nand, compañero del rubio cantante en Freak of Nature. Canciones legendarias como “Lonely Nights”, “Living on the Edge”, “Cry for Freedom”, “Little Finger”, “Wait” o la preciosa balada “When the Children Cry”, que fue dedicada a los niños ucranianos, o extraordinaria “Broken Heart” hicieron las delicias de todos los que vivimos esa época.

Los suecos Hammerfall también son muy habituales en este festival, con sus tres pesos pesados como el vocalista Joacim Cans, el guitarrista Oscar Dronjak y el bajista Fredik Larsson, tienen una buena colección de grandes éxitos y muchos fanes. Concierto sin mácula, desde la inicial “Brotherhood”, pasando por “The Metal Age”, “Hammer of Dawn”, la coreada “Blood Bound” o las más pausada “The Last Man Standing”. “Realizaron un medley de ‘Crimson Thunder’, su cuarto álbum que cumplió su veinte aniversario el año pasado, incluyendo “Hero’s Return”, “On the Edge of Honour”, “Riders of Storm” y “Crimsom Thunder”. Para el final dejaron la marcial “Let the Hammer Fall”, la badada “Glory to the Brave”, la reivindicativa de la escena sueca “(We Make) Sweden Rock” y como bises el trío poderoso de las tres H; con “Hammer High”, “Hector’s Hymn” y la adictiva “Hearts on Fire”, despidiéndose con grandes ovaciones.

La vuelta a la actualidad de Shalom ha tenido mayor repercusión que la que ellos mismos esperaban, siendo bienvenida tanto para los que pudieron verlos en su época, como para las nuevas generaciones que han podido hacerlo por primera vez. Su vocalista Sebastián Gerrero, aunque ya no luce esa espectacular melena cardada, sí que mantiene una excelente voz, como pudimos comprobar también en su concierto de vuelta en Madrid. Canciones como “Amargo sabe”, “Buscando rollo”, “Sherezade”, “Gente sin fe”, o “Terra”, hicieron las delicias de todos los que nos acercamos a cantar y corear sus himnos, especialmente su gran éxito “Cógeme”,

Es una bendición que tengamos todavía en primera línea de batalla y sacando discos con regularidad, al mítico guitarrista alemán Michael Schenker, que tantas alegrías nos sigue dando en sus cincuenta años de carrera, y que sigue tocando con mucha clase. En esta ocasión además se sumaba a esta gira el magnífico cantante Robin McAuley, aunque tenemos que lamentar que no sonara nada de sus maravillosas obras como ‘Perfect Timing’, Save Your Self’ o ‘MSG’, y eso que hubo cuatro componentes sobre el escenario que grabaron el segundo disco citado. La mitad del repertorio se basó en su etapa como MSG, con clasicazos imperecederos como “Armed and Ready”, “Cry for Nations”, “Into the Arena”, “Looking for Love”, “Red for the Sky” o “Sail the Darkness”. La otra mitad fue en las composiciones más emblemáticas de UFO, como “Doctor Doctor”, “Let it Roll”, “Lights Out”, “Natural Thing”, “Only You Can Rock Me”, “Rock Botton”, quizás demasiado alargada, “Shoot Shoot” y “To Hot to Handle”, casi nada!

Aunque no pudimos ver el concierto completo, por esas odiosas coincidencias que tienen los festivales, los alemanes The New Roses, nos dejaron una gratísima impresión y con muchas ganas de verlos en una sala. La formación de Wiesbaden, que practican un hard rock muy enérgico y visceral, con un carismático vocalista como Timmy Rough, se presentaron en formato quinteto, habiendo editado su último álbum ‘Sweet Poison’ el año pasado. Canciones como “Down by the River”, “Gimme Your Love”, “Every Wild Heart”, el inmortal “Rockin’ in the Free World”, de Neil Young o “Thristy”, pusieron el Mark Reale a muchas revoluciones.

La gran decepción para un servidor fue el concierto de Udo, un vocalista que nos encanta y que está facturando álbumes de calidad para los que disfrutamos con los sonidos clásicos, pero que no tuvo el día. En esta ocasión actuaba como Dirkschneider, lo que significaba que exclusivamente utilizaría las composiciones de Accept, por lo que a priori la propuesta era seductora, además le acompañaba otro ex Accept como el bajista Peter Baltes, pero no fue así. Abrieron con “Starlight” y tras “Living for Tonite” ya las canciones no me sonaban como yo las reconocía, era como si estuvieran a menos revoluciones y sin la contundencia que requerían. He disfrutado mucho con este vocalista un gran número de veces en directo, pero en esta ocasión y tras ver “Midnight Mover”, “Breaker” y “London Leatherboys”, decidí apostar por otra mítica formación como Diamond Head, porque no estaba nada cómodo con lo que estaba viendo.

Y la diferencia con el show de los ingleses fue tremenda, allí me encontré con todo un referente de la N.W.O.B.H.M. soltando un trallazo como “Bones”, de su homónimo álbum lanzado en 2016, para seguir con “In the Heat of the Night”. La banda que resurgió y que se hizo un huequecito mediáticamente hablando, a raíz de las versiones que Metallica hizo de ellos, comandada por el guitarrista Brian Tatler, sustituto actual de Paul Quinn en Saxon, y con un solvente vocalista como el danés Rasmus Bom Andersen, tiraron en su parte final de su mítico primer álbum ‘Lightning to the Nations’, que regrabaron en 2020 para su cuarenta aniversario. Escuchar esos míticos “It’s Electric”, “Helpless” y su pieza maestra “Am I Evil”, es un ejercicio de nostalgia pero también de reivindicación de unos himnos inmarchitables.

El vocalista Ramón Lage (ex Avalanch) volvía al Festival en el que dio su último concierto antes de su década de retiro, ahora con el nuevo proyecto bautizado como Delalma, junto al teclista Manuel Ramil, el guitarra Manuel Seoane, el bajo Jesús Cámara (Death & Legacy) el batería Dave Lande (Celtian). Nos hubiera gustado más verlos a otra hora, pero aun así, ofrecieron una muy buena actuación con canciones de su gran debut discográfico, que tocaron casi en su totalidad, como “Acto de fe”, “Renegar de ti”, la pegadiza “Mañana vuelve a oscurecer”, o la magnífica “El mirlo”. Completaron su actuación con “Wicked Game”, la versión un tanto manida de Chris Isaack, y “Cárcel de cristal” como broche final, que concluyó Ramón a capella, sin el acompañamiento de los múscos.

Para el fin del festival, Gigatrón dio al público lo que esperaban, mucha caña, humor y diversión, para que a pesar de la hora y los días acumulados, que hacían mella en la resistencia de algunos, se quedaran muchas personas hasta el cierre. Celebraban el veinticinco aniversario de su debut discográfico ‘Los dioses han llegado’, y el predicador del metal paródico, Charlie Glamour, supo mantener a sus feligreses muy vivos y activos con sus ocurrencias y sus invitaciones a unirse a la fiesta. “Barco de colegas” abrió la espita, que siguió con sus grandes éxitos como “Mi hacha hizo tu culo”, “Espiz metal”, “Apocalipsis molón” o el apoteosis final con el himno “Heavy hasta la muerte”, cantada al unísono por todos los asistentes.

Como es tradicional, abandonamos el recinto despidiéndonos de muchos amigos y compañeros de medios y emplazándonos para volver el año que viene.

Texto: José Luis Martín

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