En busca de vida extraterrestre inteligente: un singular proyecto cordobés que une ciencia y religión

Cada vez que el tema sale a la luz estallan dos interrogantes. El primero deviene de una curiosidad natural: ¿Hay vida más allá de la Tierra, en el vastísimo espacio exterior? El segundo tiene más que ver con nuestra cosmovisión del mundo: ¿Estamos solos en el universo?

La búsqueda de respuestas a ambas preguntas lleva siglos, pero nunca antes como en las últimas décadas existió la tecnología para indagar un poco mejor en ese horizonte que desafía nuestra imaginación.

Nuestro sistema solar es un grano ínfimo de arena en el cosmos, escondido en el borde interior del brazo de Orión en la vía Láctea, a 27 mil años luz de su centro.

“Nuestro Sol es una estrella de tamaño promedio en una galaxia impulsada a dos millones de kilómetros por hora en un universo visible que posiblemente cuenta con 125 mil millones de islas cósmicas”, escribe Nathalie Cabrol –directora del Carl Sagan Center for Research–, en el prólogo de La búsqueda de vida extraterrestre inteligente, un libro que acaba de ser publicado por la Universidad Católica de Córdoba.

La búsqueda de vida inteligente extraterrestre. UCC
La búsqueda de vida inteligente extraterrestre. UCC

La idea nació en 2016, cuando los autores iniciaron un grupo de investigación multidisciplinaria que llamaron proyecto Other (Otros mundos, Tierra, Humanidad y Espacio Remoto).

Lo primero que incita la curiosidad es que la edición estuvo a cargo del jesuita José G. Funes, investigador del Conicet, profesor de Filosofía de la naturaleza y teología de la creación y licenciado en Astronomía, entre otros títulos.

Funes afirma que una de sus motivaciones para este proyecto fue ejercitar el diálogo entre ciencia y religión. Y reconoce que hay una grieta y heridas por cerrar.

Él mismo lo explica en diálogo con La Voz: “Hay conflicto entre la ciencia y algunos hombres de la Iglesia. Galileo mismo (que sufrió por obra de algunos hombres de la Iglesia) no podía enseñar lo que creía correcto. Ese es el prototipo de este conflicto. Pero desde el siglo XIX mucha agua ha pasado bajo el puente. Hay un diálogo más sereno entre científicos y teólogos. El valor del libro, primero, es que está hecho en Argentina, con todas las dificultades que esto implica. Luego formamos un grupo de científicos, un filósofo y un teólogo. Eso no es común. Hay pocos casos en que se sienten juntos. Este libro es una contribución que se puede extender a otros temas, como la ecología, la inteligencia artificial o el futuro de la humanidad”.

Consultado sobre los postulados del creacionismo, o de su formulación más moderada, el llamado diseño inteligente, Funes es contundente: “Es mala ciencia y mala teología, porque a lo inexplicable le quieren otorgar la causa divina. Pero la causa divina no se puede aplicar en todo”.

La ecuación de Drake

En 1961, el astrónomo estadounidense Frank Drake formuló su famosa ecuación (N= R* x fp x ne x fl x fi x fc x L), una fórmula probabilística que permite estimar el número de civilizaciones extraterrestres que podrían estar emitiendo señales en nuestra galaxia. “N” representa el número de civilizaciones de la vía Láctea, “R” es la tasa de formación de estrellas aptas para el desarrollo de la vida inteligente, “fp” la fracción de esas estrellas con sistemas planetarios, “ne” el número de planetas por sistema planetario con entorno adecuado para la vida, “fl” la fracción de planetas en los que aparece la vida, “fi” los planetas en los que emerge la vida inteligente, “fc” la cantidad de civilizaciones con tecnología como para emitir señales detectables en el espacio, y “L” el tiempo durante el cual esas civilizaciones emiten señales detectables en el espacio.

Los modelos muestran la posibilidad de vida en entre una docena y varios miles de planetas sólo en la vía Láctea. Pero la ecuación de Drake es, más que nada, una buena muestra de la complejidad de la búsqueda y de la cantidad de factores que explican la dificultad de obtener resultados.

Lo dice José Funes: “Podemos entender a la ecuación de Drake como una calculadora de probabilidades de que recibamos un mensaje de otra civilización. Nos ayuda a entender el problema de la búsqueda de vida extraterrestre inteligente. Las probabilidades de que recibamos ese mensaje depende de factores astronómicos, de la evolución de materia orgánica en vida y de que pueda evolucionar a vida inteligente y que forme civilizaciones. Conocemos un solo caso que es la Tierra. Y también depende de cuánto dura esa vida, porque nosotros no vamos a durar para siempre”.

–¿Por qué el título del libro hace alusión a la vida extraterrestre inteligente y no sólo vida extraterrestre?

–Lo discutimos. Cada autor tiene su aproximación a la pregunta ¿estamos solos en el universo? Lo que se busca es vida. En Marte hay evidencia de que hubo agua. Y quizá bajo tierra haya. O también en las lunas de Júpiter o de Saturno. Pero planteamos la búsqueda de un alter ego cósmico. De otro tipo de sedes que tengan inteligencia simbólica, que permita entablar comunicación semejante a la nuestra. Hablamos de la búsqueda de seres en algún exoplaneta.

“El universo tiene 13.800 millones de años, y parece que se dan todas las condiciones para que la vida haya evolucionado innumerables veces más allá de la Tierra. Entonces, ¿dónde están?, preguntó Enrico Fermi en el verano de 1950, señalando la falta de evidencia de civilizaciones extraterrestres. Teniendo en cuenta los números y las probabilidades estadísticas, la respuesta menos probable a su pregunta es que no existen civilizaciones avanzadas en nuestra galaxia. Por el contrario, la explicación más probable reside en el hecho de que sólo las hemos buscado durante las últimas seis décadas, un período de tiempo extremadamente corto a escala cósmica”, agrega Nathalie Cabrol en el prefacio del libro.

Menciona otras dificultades, como los métodos limitados que aún existen para esa búsqueda, o que estemos buscando en el cuadrante correcto en el momento adecuado, algo extremadamente complicado y azaroso.

Nebulosa de Etha Carinae: La nebulosa de la Quilla, también llamada nebulosa de Carina, nebulosa de Eta Carinae o NGC 3372, es una gran nebulosa de emisión que rodea varios cúmulos abiertos de estrellas. Entre estas estrellas se encuentran Eta Carinae una de las estrellas más masivas y más luminosas en la Vía Láctea
Nebulosa de Etha Carinae: La nebulosa de la Quilla, también llamada nebulosa de Carina, nebulosa de Eta Carinae o NGC 3372, es una gran nebulosa de emisión que rodea varios cúmulos abiertos de estrellas. Entre estas estrellas se encuentran Eta Carinae una de las estrellas más masivas y más luminosas en la Vía Láctea

Abordajes diferentes

Además de Funes, los otros autores del libro son Marcelo Lares, doctor en Astronomía de la UNC, investigador del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (Iate) y docente del Observatorio Astronómico de Córdoba; Ximena Abrevaya, licenciada y doctora en Ciencias Biológicas por la UBA, astrobióloga e investigadora del Conicet; Mariano Asla, doctor en Filosofía de la Universidad de Navarra, investigador y profesor de la Universidad Austral; y Lucio Florio, investigador y docente de las facultades de Filosofía y Letras y de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina.

Como señala Funes, se trata de un abordaje interdisciplinario: “Cada uno podría haber escrito desde su disciplina, y eso hubiese sido un proyecto multidisciplinario. Pero en nuestro caso interactuamos. Cada uno leyó y comentó el capítulo del otro autor. A veces en el diálogo hay que hacer un esfuerzo para que quien no está en el campo en que no es experto, pueda comunicar a quien no conoce esos detalles. Quien trabaja en ciencia no necesariamente conoce filosofía. Ese es el problema: científicos como Richard Dawkins quieren imponer un método científico a otras realidades o disciplinas. Como tampoco se puede absolutizar la teología. Lo dice el Papa. Como todos nuestros saberes, es incompleta. Nuestra comprensión de Dios es provisoria. La teología se hace preguntas, busca respuestas y puede interactuar con los parámetros actuales”.

Funes aprovecha para destacar que dos de los autores son investigadores del Conicet: “En tiempos en que se pone en tela de juicio la ciencia, es importante mostrar el valor de estos trabajos”.

Viaje al centro de la humanidad

Al comienzo de su capítulo –“En búsqueda de los otros: una aproximación filosófica…”–, Mariano Asla plantea que “el preguntarnos si estamos solos en el cosmos supone una noción (por lo menos intuitiva) de lo que es la soledad”.

Ese cuestionamiento aparentemente obvio desencadena una serie de reflexiones que llevan a indagar mucho más de nuestra propia naturaleza que de la de eventuales seres extraterrestres. ¿Es razonable pensar que estamos solos? ¿Vale la pena buscarlos si no sabemos si existen?

“No hay otra forma de reconocer algo que descubriéndole alguna familiaridad con lo que ya conocemos. Somos, como afirma David Dunér, sujetos buscando en el cosmos a otros sujetos”, describe Asla en sus conclusiones.

¿Qué pasaría si halláramos vida inteligente extraterrestre? ¿Cómo responderíamos ante semejante cambio de paradigma que modela nuestra naturaleza más profunda?

Funes explica: “La búsqueda por el otro cósmico es también la búsqueda de la respuesta a quiénes somos. Cabrol decía que nuestro pensamiento es antropomórfico y geocéntrico. La posibilidad de encontrar vida sería una nueva revolución copernicana. Hay que tener paciencia y humildad. Saber esperar. La ciencia requiere tiempo y vivimos en la cultura de la inmediatez. Hay mucho de pensamiento mágico en la búsqueda de vida extraterrestre inteligente y hemos hecho un esfuerzo para dar una respuesta desde el mundo académico No hay una respuesta mágica”.

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