Crítica de ‘Me he tragado un extraterrestre’: alienígenas en el cerebro

Esta ingeniosa película de animación sudafricana comienza con persecuciones por el espacio sideral al estilo de ‘La guerra de las galaxias’ y se sitúa al poco tiempo en un territorio fantástico trazado antes por películas como ‘Viaje alucinante’ y ‘El chip prodigioso’: dos naves de extraterrestres antitéticos, unos pacíficos, otros beligerantes conducidos por un dictador planetario, penetran en la atmósfera terrestre y dadas sus microscópicas proporciones se introducen en la cabeza de un alumno y de la directora del instituto, respectivamente. Se habla en la película de temas como el calentamiento global y el acoso escolar, pero siempre desde una perspectiva liviana, porque lo que importa en esta fábula fantástica es la colisión entre las dos razas de alienígenas luchando entre ellas desde cabezas humanas distintas.

El alcance de la película es limitado, ya que no se propone otra cosa que un entretenimiento para plateas esencialmente infantiles, pero se agradece el ingenio de su propuesta argumental, la luminosidad de su trazo gráfico digital y una estética que acude por igual al imaginario Disney como al de ‘Mars attacks!’ o ‘Matrix’, pasando por apuntes sobre la pérdida de identidad dentro de un mismo cuerpo, uno de los grandes temas de la ciencia ficción literaria y cinematográfica abordado aquí con la ligereza propia de una comedia post-estival para todos los públicos. 

Por Ovnis

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