Un nuevo hallazgo submarino podría cambiar nuestra visión sobre la vida extraterrestre
El hallazgo en el fondo del Océano Pacífico, podría cambiar las teorías que existen sobre la vida fuera de la Tierra.

Hace algunos días Abraham Loeb, físico y profesor de la Universidad de Harvard, publicó un reciente descubrimiento que sería clave para la investigación que él mismo lleva a cabo sobre la vida extraterrestre.

Cabe destacar que el profesor Loeb se ha dedicado en los últimos años a la constante búsqueda de los restos del IM1, un asteroide que explotó en el océano Pacífico el año 2014, conocido en el mundo científico como el primer objeto interestelar reconocido como tal.

El IM1 fue detectado con gran fiabilidad por los sensores del Gobierno Estadounidense el 8 de enero de 2014 y su tamaño es de un metro.

El científico obtuvo las coordenadas de la posible ubicación del IM1 y con el apoyo de organizaciones internacionales como la NASA, se aventuró en una expedición para obtener los restos del asteroide y encontrar elementos que no se hayan creado en la Tierra, con la idea de sustentar sus hipótesis sobre la vida extraterrestre.

“Que un asteroide interestelar del tamaño de un metro impacte contra la Tierra, una vez por década, implica que hay un millón de objetos de este tipo ahora mismo dentro de la órbita de la Tierra alrededor del Sol”, explicó Loeb.

No obstante, en la última década solo han observado uno de ellos (el IM1). Por tal motivo, el físico decidió dirigir una expedición oceánica para recuperar materiales de este objeto y estudiar su naturaleza.

Equipo del Proyecto Galileo que participaron en la Expedición Interestelar. Imagen: Avi Loeb.

Hasta hoy, el físico, junto a su equipo de investigadores, sólo han encontrado un metal altamente corroído en el lugar donde se estrelló el IM1 en el océano Pacífico. Además, tras analizar este elemento, notaron que los fragmentos estaban reforzados para soportar fuertes impactos.

“Pero cuando Ryan Weed (otro investigador) pasó la muestra de fragmentos por el analizador de fluorescencia de rayos X (XRF), la aleación más probable que marcó fue el acero S5 con titanio, que también se conoce como acero resistente a los golpes. El límite elástico del acero S5, 1,7 GPa, está muy por encima del de los meteoritos de hierro”, añadió el científico.

Una luz de esperanza brillas en el horizonte

Para el físico Abraham Loeb, el hallazgo de este tipo de materiales es una luz de esperanza en su investigación, ya que no son elementos comunes, lo que abre nuevas líneas de investigación. Además, destaca que, este material encontrado es mucho más resistente que los otros 272 meteoritos registrados por el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) de la NASA.

Según Loeb, la forma de los fragmentos recuperados es casi plana, como si fueran capas superficiales desprendidas de un objeto tecnológico que experimentó una tensión material extrema. Este descubrimiento es de gran importancia, ya que estos detalles no se ven en los otros restos de meteoritos.

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Los meteoritos de hierro se rompen en pequeños pedazos que, son derretidos por la bola de fuego en esférulas que, se recuperan en campos esparcidos como fragmentos casi esféricos.

Es posible que la bola de fuego de IM1, sea el resultado de la ruptura de las capas superficiales y que el núcleo del objeto haya sobrevivido a la entrada a través de la atmósfera, como se esperaba para las naves espaciales, explica el profesor.

Por ahora, Loeb continúa trabajando junto a su equipo, para poder avanzar en la investigación de los elementos encontrados. “En los próximos días sabremos más. Es posible que concluyamos que los fragmentos son todos hechos por humanos en función de los resultados del espectrómetro de rayos gamma y el análisis posterior de los datos XRF”, concluyó.

Por Ovnis

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