El día que México dijo “sí” al fenómeno OVNI

Esto fue lo que ocurrió cuando se dio el primer avistamiento de las fuerzas armadas de México con un objeto volador no identificado.


Por: Javier Carbajal

Visitantes del Museo de San Nicolás disfrutan de la primera edición de la Expo Ovni, 2021 (FOTO: GABRIELA PÉREZ MONTIEL / CUARTOSCURO.COM)

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha tenido la tendencia de atribuir todo fenómeno inexplicable a una entidad divina o sobrenatural. Para los náhuatl, la lluvia era obra del dios Tláloc; para los egipcios, el Sol era la representación del dios Ra, creador de la vida; según la mitología hindú, la Tierra era sostenida por cuatro elefantes parados sobre el caparazón de una tortuga. Con el paso de los siglos, la ciencia se ha encargado de develar los misterios de la vida y la naturaleza, ofreciendo una explicación científica que suplanta al mito o a la leyenda. La lluvia es provocada por el ciclo del agua, los amaneceres ocurren por la rotación del planeta sobre su propio eje, y los sismos son producto del movimiento de las placas tectónicas.

Irónicamente, la sociedad moderna, con todos sus avances tecnológicos y su confianza en la ciencia, no ha abandonado del todo ese viejo hábito de explicar lo inexplicable con una teoría fantástica. Para bien o para mal, el fenómeno OVNI es un claro ejemplo de la condición poco domada que caracteriza a la imaginación humana. Cierto, para mucha gente, la presencia de un extraño objeto volador a lo lejos todavía es percibida como la manifestación de un ángel o un acto de brujería, pero en la actualidad, la cultura del morbo se ha inclinado a favor de una explicación apoyada en la propia ciencia, o mejor dicho, en su brazo especulativo-narrativo, la ciencia-ficción: “¡Aliens!”

La teoría alienígena cuenta con todos los ingredientes de una buena historia de misterio, razón por la cual se ha arraigado tanto en la conversación pública. Fenómenos extraordinarios, imágenes de baja calidad, documentos clasificados, una base militar en el desierto, un gobierno que actúa con sigilo en programas encubiertos, y la pregunta central que ha fascinado a la humanidad desde que tiene uso de razón para reflexionar sobre las estrellas: ¿Estamos solos en el universo? Al ser la única superpotencia que nos dejó la era atómica, el gobierno estadounidense suele estar al centro de estos debates, investigaciones, avistamientos e incidentes que han sido reportados desde hace décadas; pero el gobierno mexicano también ha llegado a participar en la polémica global, aunque su rol ha sido más reciente.

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Decenas de capitalinos salieron a las calles en julio de 2000 a observar lo que parecia un OVNI. (German Romero/CUARTOSCURO.COM)

¿Qué pasó el 5 de marzo de 2004 en Campeche?

Bajo la influencia de las historias de ciencia-ficción que cada quien ha consumido desde la infancia, los mexicanos hemos creído ver platillos voladores y seres extraterrestres quizás desde que ‘el Santo’ frustró con sus propios puños una invasión de marcianos en una película de 1967. En México, la cuestión sobre la existencia de vida inteligente en otros planetas se había limitado en mayor medida a la industria del entretenimiento y a las primeras planas de tabloides amarillistas; es decir, no era un asunto que fuera abordado por las autoridades con seriedad, lo cual no debe ser sorpresa en un sector público que históricamente ha invertido lo mínimo en ciencia y tecnología. Quizás por esta falta de experiencia en el tema, el Estado mexicano actuó de manera algo imprudente cuando la Fuerza Aérea Mexicana presentó su primer caso de un avistamiento OVNI en territorio nacional.

El 5 de marzo de 2004, durante un patrullaje de rutina, un avión de la Fuerza Aérea detectó en el radar varios objetos circulares que volaban a 3 mil 500 metros de altura sobre el estado de Campeche. La tripulación pudo captar en un video infrarrojo estos objetos luminosos que volaban a gran velocidad y que parecían desafiar toda ley de la aerodinámica por la manera tan brusca en que cambiaban de dirección. Al no poder establecer contacto con los objetos ni definir su procedencia, estos recibieron la clasificación de Objetos Voladores No Identificados (OVNI). En lugar de resguardar la evidencia para su estudio por expertos en la materia, el entonces titular de la Sedena, el general Clemente Vega García, entregó una copia del video captado por la tripulación del avión C-26A al periodista Jaime Maussan. El 11 de mayo de ese mismo año, es decir, dos meses después del avistamiento, las imágenes fueron divulgadas por el mencionado periodista en una conferencia de prensa, luego de ser transmitidas durante el Noticiero de Joaquín López Dóriga.

Ante las interrogantes planteadas por la comunidad científica, la Secretaría de la Defensa Nacional explicó que lo más probable es que los misteriosos objetos avistados eran burbujas de gas ionizado conocidas como centellas, un fenómeno meteorológico común. “No veía la utilidad de que se quedara eso grabado ahí, guardado”, dijo el general Vega García en una entrevista con Carlos Loret de Mola sobre la entrega de material clasificado a un particular. “Tomé la decisión de que se le diera a una gente que ha estado trabajando toda su vida con esto para que hiciera buen uso de ella”. Para el general secretario, el señor Maussan cumplía ese perfil.

Este fue el material que se hizo público entonces:

Del OVNI al… ¿FANI?

En 2022 pasó algo peculiar en Washington. Por primera vez en más de 50 años, el Congreso de Estados Unidos llevó a cabo una audiencia con oficiales del Pentágono sobre el aumento en avistamientos clasificados como OVNI de parte de pilotos de aviación y personal militar. Solo que ahora ya no les dicen FANI, Fenómenos Aéreos no Identificados (UAP, en inglés). Al tratarse de un asunto de seguridad nacional, las autoridades estadounidenses han confirmado que el término “OVNI” carece de credibilidad al quedar relegado a la cultura pop.

Estos “fenómenos aéreos” no dejan de ser objetos físicos, pero el énfasis ahora está en la carencia de identificación. Frente a la amenaza de drones militares y otras naves no tripuladas con capacidad de espionaje y destrucción masiva, se vuelve urgente la necesidad de identificar todo objeto volador que sea detectado por un radar estadounidense. Es por ello que el Departamento de Defensa ha reclutado a la NASA para estudiar estos “eventos en el cielo que no pueden identificarse como aeronaves o fenómenos naturales conocidos desde una perspectiva científica”.

¿Será que veamos un proyecto similar en México? No es del todo raro que hoy la gente confunda un dron con un OVNI y sus videos se hagan virales en redes sociales, pero México está lejos de presentar las mismas preocupaciones, tal vez paranoia, que afligen al gobierno estadounidense en materia de seguridad. Lo que sí podría suceder es que el Estado mexicano tome más en serio a la comunidad científica de nuestro país, para que, en caso de que surja un evento como un avistamiento OVNI, exista la confianza para que un especialista en el tema sea consultado primero.

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Texto: Javier Carbajal

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